4,4 millones de espectadores, ¿cuántos votos? Lo que se sabe de los políticos en los programas de entretenimiento
La entrevista de Pedro Sánchez en La Revuelta fue la emisión más vista del programa desde su estreno, con casi el triple de su audiencia habitual. Veinte años de investigación y once precedentes españoles desde 2014 apuntan a lo mismo: estas apariciones llegan a quien apenas sigue la política y mejoran la imagen del invitado, pero su efecto en el voto es pequeño, breve y difícil de separar del resto de la campaña. En las encuestas españolas no aparece un patrón: de media, el partido del invitado se movió tres décimas en las dos semanas siguientes.
23 de octubre de 2026 · Miguel · Read in English
La noche más vista de La Revuelta
El jueves 22 de octubre, 4.387.000 personas vieron de media la entrevista de David Broncano a Pedro Sánchez en La 1, un 33,9 % de cuota de pantalla. Es el récord del programa, que en sus dos años de emisión había tenido como mejor noche la visita de Rosalía (2.706.000 y 20,4 %). El minuto de oro, a las 22:59, llegó a 4.761.000 espectadores y al 40,4 % de cuota. A la misma hora, El Hormiguero se quedó en el 11,4 % (Vertele, con datos provisionales de Kantar).
Según Barlovento, 7.129.000 personas vieron al menos un minuto de la entrevista (Lanza Digital). Es la entrevista a un presidente del Gobierno más vista en más de quince años: supera los 4.334.000 espectadores de Mariano Rajoy en casa de Bertín Osborne en 2015, y solo la superaron las dos ediciones de «Tengo una pregunta para usted» con José Luis Rodríguez Zapatero, en 2007 y 2009 (FormulaTV).
Para medir el salto hay que compararlo con lo normal. Desde su estreno, La Revuelta ha promediado 1.511.000 espectadores y un 12,4 % de cuota, y el lunes anterior, 19 de octubre, tuvo 1.284.000 y un 10,5 % (FormulaTV). La entrevista multiplicó por casi tres su audiencia media: unos tres millones de personas que no suelen ver el programa lo vieron esa noche.
La pregunta que importa para un pronóstico electoral es otra: ¿cuántos votos mueve una noche así? Para responderla hemos repasado lo que dice la investigación, los precedentes desde 1968 y, con nuestras propias series de encuestas, qué pasó después de cada gran aparición de un líder español en un programa de entretenimiento desde 2015.
Una tradición que empezó con cinco segundos
El 16 de septiembre de 1968, Richard Nixon apareció cinco segundos en Rowan & Martin’s Laugh-In para decir la coletilla del programa, «Sock it to me?». Sus asesores se lo desaconsejaron; ganó la elección siete semanas después (History.com; Fundación Nixon).
El 3 de junio de 1992, un día después de asegurarse la candidatura demócrata, Bill Clinton tocó «Heartbreak Hotel» al saxofón, con gafas de sol, en The Arsenio Hall Show. Iba tercero en las encuestas, por detrás de George Bush y Ross Perot, y buscaba a votantes jóvenes y urbanos que no veían los informativos (History.com). Las críticas lo tacharon de impropio de un presidente; Clinton ganó en noviembre.
Desde entonces, la visita al plató de entretenimiento es parte del calendario de cualquier campaña estadounidense. En 2000, George W. Bush y Al Gore pasaron por los programas de Oprah Winfrey y David Letterman. En 2014, Barack Obama se sentó «entre dos helechos» con el humorista Zach Galifianakis para promocionar el registro en healthcare.gov: el vídeo se convirtió en la primera fuente de visitas de la web y el tráfico subió casi un 40 % de un día para otro (CBS News). Pero solo unas 19.000 de los cerca de tres millones de personas que lo habían visto hicieron clic en el enlace, un 0,6 % (Mediaite). Y en octubre de 2024, las casi tres horas de Donald Trump en el pódcast de Joe Rogan superaron los diez millones de visualizaciones en YouTube en un día y los cincuenta millones semanas después (Inside Radio).
El caso de Obama resume bien el problema: una audiencia enorme no se traduce de forma automática en un comportamiento. Que millones de personas vean algo no dice cuántas cambian de opinión.
Lo que dice la investigación
La investigación seria sobre el tema empezó con las elecciones estadounidenses de 2000 y llega a cuatro conclusiones bastante estables.
1. Llegan a quien no sigue la política. Matthew Baum, de Harvard, estudió la campaña de 2000 con la encuesta electoral estadounidense (ANES). Los votantes que se informaban sobre todo por programas de entretenimiento eran más propensos a encontrar simpático al candidato del otro partido y a votarle que los votantes más informados (Baum, 2005, American Journal of Political Science). Es el motivo por el que los candidatos van: es la única forma de hablar con quien no ve informativos ni debates.
2. Mejoran la imagen, no el programa. Patricia Moy, Michael Xenos y Verena Hess, con más de 11.000 entrevistas de la encuesta Annenberg de 2000, vieron que quienes vieron a Bush en Letterman pasaron a juzgarlo más por sus rasgos personales. En la semana siguiente a la entrevista, su valoración subió de 56,2 a 59,0 puntos (sobre 100) entre los espectadores del programa y bajó de 58,5 a 55,5 entre quienes no lo veían; la diferencia desapareció la semana siguiente (Moy, Xenos y Hess, 2006, International Journal of Public Opinion Research; resumen de la Universidad de Washington).
3. El efecto es breve y depende de quién mire. Baum y Angela Jamison mostraron que las entrevistas en programas de tarde como el de Oprah ayudaban a los votantes poco informados a votar de forma más coherente con sus propias opiniones, no a cambiarlas (Baum y Jamison, 2006, Journal of Politics). En un experimento con la entrevista de John Kerry en Letterman en 2004, Michael Parkin encontró que la entrevista enganchaba a los espectadores sin dejarlos peor informados ni centrados solo en la imagen, y que apenas cambiaba los criterios con que juzgaban al candidato (Parkin, 2010, Political Research Quarterly).
4. Lo que mueve votos es la exposición repetida, no una noche. El trabajo más reciente con un diseño causal, todavía sin revisión por pares, usa la celebración de veladas de artes marciales mixtas (UFC) como experimento natural. Donde hubo veladas, los hombres jóvenes escucharon más el pódcast de Joe Rogan y aumentó el voto republicano en las primarias en las que se presentaba Trump, con el efecto concentrado en ese grupo (Ash, Galletta, Masera y Zhang, documento de trabajo). Es un efecto de dieta mediática, no de una sola entrevista.
En resumen: una aparición así llega a votantes que de otro modo no se enterarían de nada, mejora durante unos días la simpatía hacia el invitado entre esos votantes y puede ayudar a que voten lo que ya pensaban. No hay pruebas de que convenza a votantes de otros partidos en número suficiente para mover una elección.
Los precedentes españoles: de Bertín a Broncano
En España, la costumbre se asentó en la campaña de 2015, la primera con cuatro partidos grandes. Soraya Sáenz de Santamaría bailó en El Hormiguero el 6 de octubre; Pablo Iglesias cantó y tocó la guitarra en el mismo programa el 3 de noviembre, con la mejor cuota de su historia hasta entonces (21,7 %); Albert Rivera y Pedro Sánchez pasaron por el plató de Pablo Motos, y Sánchez y Mariano Rajoy, por la casa de Bertín Osborne en La 1. Rajoy logró 4.334.000 espectadores y el 23 % de cuota.
2014–2015
2019
2023
2026
Después llegaron la entrevista de Santiago Abascal en El Hormiguero el 10 de octubre de 2019, con 4.049.000 espectadores y el 23,5 % (la tercera más vista del programa); las de Rivera (2.458.000) y Pablo Casado (2.049.000) en esa misma campaña (The Objective); y el cara a cara a distancia de junio de 2023: Sánchez el 27 de junio (2.922.000 y 22,8 %) y Alberto Núñez Feijóo el 28 (3.079.000 y 25,9 %, récord de cuota del programa). Ese mes de julio, Sánchez fue además al pódcast La pija y la quinqui, presentado por dos jóvenes de 23 años y con un público muy joven.
La Revuelta de esta semana tiene la cuota más alta de toda la serie. Hay que leer las cifras con una cautela: la audiencia de la televisión lineal ha caído desde 2015, así que los espectadores no son comparables entre años; la cuota, que mide qué parte de los televisores encendidos estaba viendo el programa, sí lo es mejor.
¿Se mueven las encuestas después?
Para saberlo hemos hecho lo siguiente con todas las encuestas publicadas desde 2014 (sin el CIS). Para cada aparición, comparamos la media de las encuestas del partido del invitado con trabajo de campo terminado en las dos semanas anteriores con la de las encuestas hechas íntegramente en las dos semanas posteriores. Antes, corregimos cada encuesta por la inclinación habitual de su casa en ese ciclo electoral, para que no parezca que un partido sube solo porque esa quincena publicaron más las casas que le dan más.
El resultado por sí solo no dice nada si no se sabe cuánto se mueven las encuestas en una quincena cualquiera. Por eso repetimos el cálculo en todos los demás días del mismo ciclo, lejos de cualquier aparición (es lo que se llama un placebo), y comparamos cada cambio con el rango que recoge el 90 % de esos cambios normales.
Banda gris: 90 % de los cambios de ese partido en cualquier otro par de quincenas del mismo ciclo. Punto: cambio tras la aparición.
Hay diez apariciones con encuestas suficientes antes y después. De media, el partido del invitado subió 0,3 puntos: siete veces subió y tres bajó. Solo un cambio se sale del rango normal: el del PSOE tras la entrevista de Sánchez en El Hormiguero en junio de 2023 (+1,7 puntos). Y ese caso tiene truco.
El PSOE ya venía subiendo antes de la entrevista: del 25,0 % a primeros de junio al 26,6 % el 25 de junio, después de que Sánchez adelantara las generales tras las municipales del 28 de mayo. En las dos semanas anteriores al programa había ganado 1,1 puntos; en las dos posteriores ganó 1,7. Es difícil atribuir esa diferencia a una entrevista y no a la tendencia, a la formación de Sumar o a los pactos autonómicos del PP con Vox, que se cerraron esas mismas semanas. Feijóo tuvo más audiencia que Sánchez y el PP se movió poco (+0,6, dentro de lo normal). En las urnas, el PSOE sacó tres puntos más de lo que le daban las últimas encuestas y el PP casi uno menos.
La segunda mayor subida es la de Vox tras la visita de Abascal en octubre de 2019 (+1,6 puntos, dentro del rango normal de una campaña en la que Vox no paró de crecer).
Vox estaba en el 9,6 % el día de la entrevista y en el 10,3 % seis días después. La subida fuerte llegó después, con la sentencia del procés del 14 de octubre, los disturbios en Cataluña de los días siguientes y el debate del 4 de noviembre: 11,4 % el 25 de octubre, 13,4 % el 6 de noviembre y 15,1 % en las urnas. Con estos datos no se puede separar la noche del 10 de octubre de todo lo que vino detrás.
Los casos de 2015 apuntan en la misma dirección. Tras ir a casa de Bertín Osborne el 25 de noviembre, el PSOE bajó 1,3 puntos en las dos semanas siguientes, después de haber subido 1,2 en las dos anteriores. El PP de Rajoy, con la mayor audiencia de aquella campaña, se movió 0,4 puntos. El baile de Sáenz de Santamaría fue seguido de una bajada del PP de siete décimas.
Audiencia no es apoyo
Que 4,4 millones de personas vean una entrevista no significa que 4,4 millones de personas estén de acuerdo con el entrevistado. Hay al menos tres tipos de espectador en una noche así:
- El público habitual del programa: entre 1,3 y 1,5 millones de personas cualquier noche, que ya conocen y eligen el programa. Para ellos, la entrevista es parte de su cita de siempre.
- El público del acontecimiento: los tres millones de más. Ven la entrevista porque es noticia, y entre ellos hay simpatizantes, curiosos y críticos. Feijóo tuvo más audiencia que Sánchez en El Hormiguero en 2023 y luego sacó menos de lo que le daban las encuestas: la audiencia mide interés, no preferencia.
- Quien no la ve pero ve los recortes, en informativos y redes, durante los días siguientes. Esa segunda ola llega a más gente que la emisión y la investigación sobre ella es todavía escasa.
Los datos por edad y por comunidad, publicados al día siguiente, encajan con esa lectura. Por edades, la cuota fue del 51,1 % entre los 25 y los 44 años y del 48,7 % entre los 13 y los 24, muy por encima de la media; la edad media del espectador fue de 52 años (Barlovento, según Lanza Digital y The Objective). Por comunidades, la entrevista se vio más en Madrid (43,2 %), el País Vasco (41,7 %) y la Comunitat Valenciana (40,0 %), y menos en Andalucía (27,5 %) y Canarias (21,1 %) (Infobae).
Cuota por comunidad
Si la audiencia reflejara el apoyo, la entrevista se habría visto más donde el PSOE es más fuerte. Fue más bien al revés: en las 14 comunidades con dato, la correlación entre la cuota y el voto que nuestro pronóstico da al PSOE es negativa (−0,43), aunque débil y con pocos casos. La parrilla de cada comunidad también pesa: en Canarias, por ejemplo, la emisión empezó a las 21:03 hora local. Y sin la cuota habitual del programa en cada comunidad no se puede afinar más.
Si la entrevista tiene algún efecto electoral, la investigación sugiere dónde buscarlo: en la participación de votantes poco interesados en la política, más que en el cambio de voto. En nuestro modelo, quienes no votaron en 2023 son el grupo que más sobrestima su probabilidad de ir a votar (es la corrección más fuerte de nuestra calibración con el CIS), seguidos de los que votarán por primera vez: son los más difíciles de movilizar. Si Sánchez consigue que una parte de los jóvenes de izquierda que pensaban quedarse en casa vaya a votar, se notará más en la participación que en la intención de voto declarada.
Qué esperar para el 29N
- En las encuestas. Ninguna de las publicadas hasta hoy hizo el trabajo de campo después del 22 de octubre. La última de IMOP para El Confidencial, publicada hoy, se hizo entre el 13 y el 16. Las primeras con campo posterior llegarán la semana que viene y entrarán en el pronóstico como cualquier otra.
- En el modelo. No añadimos un efecto propio de la entrevista: no hay base empírica para cuantificarlo, y nuestro análisis no encuentra un patrón. Si se mueve algo, lo recogerán las encuestas.
- En la prensa. Hemos añadido la entrevista como hito en nuestro índice de momentum, que mide el tono de la cobertura de cada partido. Allí se verá si la conversación de los próximos días favorece o perjudica al PSOE.
Once precedentes españoles y veinte años de investigación no permiten descartar un efecto, pero sí acotarlo: si existe, es pequeño, breve y se concentra en quien apenas sigue la política. Que una entrevista bata récords de audiencia es una noticia sobre la televisión; si es también una noticia electoral, lo dirán las encuestas de las próximas dos semanas.
Cómo lo hemos calculado
- Audiencias. Audiencia media y cuota de pantalla de Kantar según las fuentes enlazadas: FormulaTV (El Hormiguero, 2014–2015), Wikipedia (En la tuya o en la mía, 2015), El Español (Abascal, 2019), El Independiente y The Objective (2023) y Vertele (2026, datos provisionales). Audiencia por comunidad: Dos30 con datos de Fifty5Blue (Infobae); perfil por edad y espectadores únicos: Barlovento con datos de Fifty5Blue.
- Encuestas. Las recopiladas en Wikipedia para las generales de 2015 a 2026, sin el CIS. Antes: encuestas con fin de campo en los 14 días previos a la emisión. Después: encuestas que empezaron el campo tras la emisión y lo terminaron en los 14 días siguientes. Hacen falta al menos tres en cada ventana; la entrevista de Sánchez en El Hormiguero de 2014 no las tiene y la de La Revuelta todavía no.
- Corrección por casa. En cada ciclo y partido, el desvío medio de cada casa respecto a la mediana móvil de 15 días de todas las encuestas, encogido con cuatro encuestas de pseudopeso y centrado en la media de la industria.
- Placebo. El mismo cálculo en cada día del ciclo a menos de un año del evento, excluidos los 14 días alrededor de cualquier aparición y el día de la elección en adelante. El rango normal es el intervalo entre los percentiles 5 y 95 de esos cambios.
- Limitaciones. Las ventanas de dos semanas recogen todo lo que pasa en ellas, no solo la entrevista, y algunas apariciones de 2015 están a menos de dos semanas entre sí. Con diez casos, el análisis puede detectar efectos grandes, no efectos de unas décimas.
- Código.
articulo_tele.py, en el repositorio de altnalysis.