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Lo que la historia dice sobre las tragedias y el voto: décimas, no puntos, salvo cuando hay un relato de culpa

Antes que cualquier cálculo están las 69 personas que murieron el 28 de octubre en Urda. Ninguna cifra de este artículo vale lo que una de esas vidas. Pero la campaña sigue, y es inevitable que el cuerpo electoral reaccione a una tragedia así. Lo que sabemos sobre cómo lo hace es limitado y lo contamos tal cual: en 23 casos de España y de otros países, los accidentes con causa técnica incierta movieron décimas en las encuestas; los que se convirtieron en un relato de responsabilidad política atribuida, de 3 a 14 puntos. Hoy no hay ninguna encuesta con trabajo de campo posterior al accidente. Hasta que las haya, esto es un marco para leerlas, no un pronóstico.

31 de octubre de 2026 · Miguel · Read in English

Actualización del 31 de octubre, por la tarde. El presidente de GAD3, Narciso Michavila, ha escrito en X que su empresa detecta «un cambio abrupto de voto desde el miércoles», el día del accidente, y que «ahora es imposible que Sánchez sea el más votado». No es una encuesta publicada: no hay ficha técnica, fechas de campo ni porcentajes, salvo que Vox «no llega al 19 %». Es la primera señal de una casa con seguimiento diario y va en la dirección del escenario central de este artículo, una caída del PSOE. El tamaño no se conoce, y la experiencia de otros casos indica que las primeras mediciones tras una tragedia tienden a exagerar el cambio. Nuestro pronóstico no la incorpora hasta que GAD3 publique cifras; entonces entrará como una encuesta más, con la corrección de su sesgo de casa. El resto de lo que apunta Michavila coincide en buena parte con el pronóstico de hoy: Vox duplica escaños sin llegar al 19 % (nosotros, 66 escaños y 18,7 %), el PP es primera fuerza, el espacio de Sumar cae y Bildu gana en el País Vasco.

Primero, las víctimas

El choque de dos trenes de alta velocidad en Urda, el 28 de octubre, ha causado 69 muertos confirmados, más de un centenar de heridos y decenas de personas aún por identificar, de 23 países. El luto oficial termina hoy. Este artículo no habla de ellas ni de las causas del accidente, que investigan la autoridad ferroviaria y un juzgado bajo secreto de sumario. No atribuye responsabilidades, ni políticas ni penales: no las conocemos. Lo que mide es otra cosa: la responsabilidad que el electorado percibe y atribuye, merecida o no, que es la que mueve el voto.

Habla de otra cosa, que también es real. Faltan 29 días para las elecciones, la campaña se ha reanudado y mucha gente se pregunta si una tragedia como esta cambia el voto. La respuesta honesta es que sí puede, que casi nunca lo hace tanto como parece en los primeros días, y que lo que decide el tamaño del efecto no es la tragedia en sí, sino lo que ocurre después.

Segundo: es inevitable que el electorado reaccione, y lo que sabemos es limitado

Que una tragedia pese en el ánimo colectivo no es una anomalía ni una irracionalidad. La investigación sobre voto retrospectivo lo describe desde hace décadas: los votantes juzgan a quien gobierna por lo que les pasa, incluso por lo que escapa a su control. Achen y Bartels calcularon que los presidentes de Estados Unidos pierden alrededor de un punto en los estados que sufren sequías o inundaciones. Otros autores, como Fowler y Hall, no encuentran ese efecto en catástrofes puramente fortuitas. Y hay una lectura más interesante que la de la irracionalidad: Ashworth, Bueno de Mesquita y Friedenberg sostienen que un suceso así puede mover votos de forma razonable, porque revela algo sobre la preparación del gobierno que sin él nadie habría visto.

Lo que sabemos tiene límites claros. Las elecciones son pocas, las tragedias que coinciden con ellas son menos, y cada caso mezcla el suceso con todo lo demás que pasaba. Hemos reunido 23 casos de España y de otros países con encuestas antes y después, o con elecciones cerca. Es la mejor evidencia disponible, no una ley.

Cuánto cayó en las encuestas el partido del Gobierno tras cada sucesoPuntos de voto perdidos en las semanas siguientes, con el rango de las distintas medidas. Gris: accidentes con causa técnica incierta. Naranja: sucesos convertidos en un relato político. Rojo: catástrofe con una responsabilidad política atribuida desde el primer día, sin sentencia judicial (ámbito autonómico).
−15−10−50+5+10+15
Adamuz (ene 2026)
Angrois (2013)
Tempi, Grecia (2023)
Lisboa, elevador (2025)
Irak (2003)
Prestige (2002–03)
11-M (2004)
DANA de Valencia (2024)

Barra: rango entre las distintas medidas. Punto: cambio estimado, en puntos de voto.

Tercero: no sabemos en qué dirección, y hay tres familias de casos

Los 23 casos se ordenan en tres grupos, y la diferencia entre ellos no es el número de víctimas.

Accidentes de transporte con causa técnica incierta. Es la familia más parecida a Urda hoy. En España, Angrois (2013, 80 muertos) no dejó señal: el PP gallego subía en las encuestas cuatro meses después. Spanair (2008, 154 muertos) tampoco. El precedente más directo es Adamuz, el 18 de enero de este año: 46 muertos en otro choque ferroviario, con el mismo ministerio y el mismo operador. Las dos encuestas que compararon la misma casa antes y después midieron décimas: el PSOE bajó 0,3 o 0,4 puntos, y Vox subió 0,4 o 0,6, dentro del margen de error. Fuera de España el patrón es el mismo, aunque el hueco inicial sea mayor. En Grecia, tras el choque de Tempi (febrero de 2023, 57 muertos), el partido del Gobierno perdió 3 o 4 puntos en las encuestas, recuperó parte en cinco semanas y ganó las elecciones de mayo con el 40,8 %, por encima de lo que tenía antes del accidente. En Lisboa, cinco semanas antes de las municipales de 2025, el accidente del elevador de Glória dejó al alcalde en empate técnico en los sondeos; ganó con 3 puntos más que cuatro años antes.

Sucesos convertidos en un relato político. Son los que la oposición, o los hechos, consiguieron vincular a una decisión previa del Gobierno. El Prestige (noviembre de 2002) no fue solo un vertido: fue la respuesta de la Xunta y del Gobierno, y una movilización enorme. El PP gallego bajó 2,6 puntos en las encuestas en cuatro meses y 3,9 en las municipales de mayo de 2003, cuando en el conjunto de España apenas se movió. La guerra de Irak, en esos mismos meses, dio al PSOE una ventaja de 6 o 7 puntos en abril de 2003 que se había esfumado en otoño. Y el 11-M es el caso límite: el atentado y la gestión informativa del Gobierno, a tres días de las urnas, costaron al PP unos 5 puntos según la estimación más citada (Montalvo), con un rango entre 1 y 7,5 según el método. No hubo tiempo de que el efecto decayera. Como contraste, los atentados de ETA de los años noventa subían la participación, pero no movían el apoyo al Gobierno.

Catástrofes con una responsabilidad política atribuida desde el primer día. Es la DANA de Valencia (octubre de 2024, más de 220 muertos). Conviene distinguir: hablamos de responsabilidad política tal como la percibió el electorado, no de responsabilidad penal; la causa judicial de la DANA sigue abierta y no hay sentencia. El PP valenciano pasó del 38–42 % al 25–32 % en las encuestas autonómicas en dos semanas, y dos años después sigue entre 4 y 10 puntos por debajo de 2023. Tres rasgos lo explican: una responsabilidad política atribuida de forma personal e inmediata al presidente autonómico, una manifestación de 130.000 personas a los once días y un relato que se renovó con cada aniversario y cada paso judicial. Y dos matices importan para hoy: el castigo se quedó en la arena autonómica, porque en las generales el PP valenciano está apenas un escaño por debajo de 2023; y el voto perdido fue sobre todo a Vox, no al PSOE.

La conclusión de la literatura es que lo que pesa no es el daño, sino la respuesta y la responsabilidad que el electorado atribuye, que es política y no coincide necesariamente con la que acaben fijando los tribunales. Healy y Malhotra midieron que los votantes recompensan el gasto en ayudas posteriores y no premian la prevención. Gasper y Reeves, que una buena respuesta vale más de lo que cuesta el daño. Y Malhotra y Kuo, con el huracán Katrina, que la culpa se filtra por partido: cada votante tiende a culpar al bando contrario. En España los datos encajan. Tras Adamuz, consideraban que el accidente «se podría haber evitado» el 79 % de los votantes del PP, el 89 % de los de Vox y el 51 % de los del PSOE. Eso acota el efecto: la mayor parte del electorado ya tiene decidido a quién culpa antes de conocer la causa.

Cuarto: qué se ve hoy, a tres días del accidente

Si el tamaño del efecto depende de lo que ocurre después, conviene mirar qué está ocurriendo. A 31 de octubre:

Con ese cuadro, Urda se parece hoy más a Adamuz y a Tempi que a la DANA o al 11-M. Lo que podría cambiarlo es que el relato pase de «accidente» a «patrón», por los dos choques en nueve meses, y que algo lo mantenga vivo durante noviembre: una comparecencia, una imputación, una revelación de la investigación o una movilización de las familias.

Quinto: el efecto decae en semanas, salvo que algo lo sostenga

Es el dato más útil para una elección a 29 días. En todos los casos con elección entre uno y dos meses después, el hueco de las encuestas se cerró en parte o del todo antes de las urnas. En Grecia, el partido del Gobierno perdió 2,9 puntos a los nueve días, recuperó parte a las cinco semanas y ganó a los 82 días por encima de su nivel previo. En Lisboa, el empate técnico de los sondeos se convirtió en una victoria clara. En la España de 2003, la ventaja socialista de abril había desaparecido en mayo. Y en los tres casos con elección cercana, Grecia, Lisboa y Corea del Sur tras el hundimiento del Sewol en 2014, las encuestas sobreestimaron el castigo: midieron un hueco que las urnas no confirmaron.

Las excepciones tienen un mecanismo común: algo mantuvo vivo el tema. En Grecia, dos años después, la creencia extendida en un encubrimiento y las protestas del aniversario volvieron a restar 3 o 4 puntos al Gobierno, y quien capitalizó fue un partido nuevo, no la oposición. En Serbia, el derrumbe de la estación de Novi Sad tardó 23 meses de movilización estudiantil en traducirse en una derrota del partido gobernante. En Valencia, los aniversarios y el juicio reactivaron el castigo. Y el Prestige deja la lección más matizada: dos años y medio después, en las autonómicas de junio de 2005, el PP gallego perdió la mayoría absoluta y el Gobierno, del 51,6 % y 41 escaños al 45,2 % y 37. Pero el Prestige fue solo una parte: en las generales de 2004 el PP cayó en Galicia lo mismo que en el resto de España, y en los 14 municipios de la Costa da Morte, la zona cero, perdió en 2005 menos que la media gallega (4,4 puntos frente a 6,2). Lo que decidió 2005 fue, sobre todo, la subida del PSdeG en 11 puntos con un ciclo nacional favorable y el desgaste de un liderazgo de 82 años. La tragedia abrió una grieta; otras cosas la ensancharon.

Qué supondría para el 29N, si ocurriera

Con todo lo anterior, nuestra lectura es que el escenario central es una pérdida de alrededor de un punto de voto para el PSOE el día de la elección, con un intervalo plausible entre medio punto a favor y tres en contra, y una cola de hasta cinco puntos si el relato de negligencia o encubrimiento cristaliza y se sostiene hasta la veda. Es un juicio a partir de los casos, no una estimación estadística, y no mueve nuestro pronóstico: el modelo solo cambia con encuestas.

Para traducirlo a escaños hemos hecho la cuenta sobre las 50.000 simulaciones del pronóstico del 31 de octubre, quitando al PSOE esa fracción de voto y repartiéndola según adónde vaya:

Escaños que perdería el PSOE según la pérdida de voto y adónde fueseDiferencia media de escaños en las 50.000 simulaciones del pronóstico del 31 de octubre. Supuestos: pérdida uniforme en toda España, el día de la elección, ya descontado el decaimiento.

PSOE −0,5 pt

A la abstención−1,7
A Vox−2,5
Mitad a Vox, mitad a la abstención−2,1

PSOE −1 pt

A la abstención−3,5
A Vox−5,0
Mitad a Vox, mitad a la abstención−4,2

PSOE −2 pt

A la abstención−7,0
A Vox−9,9
Mitad a Vox, mitad a la abstención−8,5

PSOE −3 pt

A la abstención−10,7
A Vox−14,8
Mitad a Vox, mitad a la abstención−12,8

PSOE −5 pt

A la abstención−18,2
A Vox−24,5
Mitad a Vox, mitad a la abstención−21,5

Qué vamos a vigilar

Cuando lleguen las encuestas con campo posterior al 28 de octubre, miraremos cinco cosas y las contaremos aquí:

  1. La misma casa antes y después, como con Adamuz. Las diferencias entre casas suelen ser mayores que el efecto, y el agregador ya corrige el sesgo de cada una.
  2. Adónde va el voto perdido: a Vox, al PP o a la abstención. En Adamuz y en la DANA fue a Vox.
  3. La fracción de votantes del PSOE de 2023 que atribuye responsabilidad al Gobierno. Tras Adamuz era la mitad; si sube con claridad, el efecto será mayor que el de enero.
  4. La curva: si la cuarta semana es menor que la segunda, el efecto decae como en Grecia y Lisboa; si no, algo lo sostiene.
  5. Los hitos: la comparecencia del presidente, el funeral de Estado, las decisiones del juzgado y los informes de la investigación.

Y una regla para leerlo: en los precedentes con elección cercana, el salto de las primeras encuestas fue mayor que el del día de la votación. Trataremos ese salto, si aparece, como un movimiento de corto plazo y no como un cambio de nivel, hasta que varias encuestas lo confirmen.

Cómo lo hemos calculado